El fin de la solidaridad según Chomsky

La solidaridad empieza cuando somos capaces de reconocer al otro como igual.

Cuando entendemos que nadie está a salvo de necesitar, en algún momento, el apoyo y la cooperación de los demás.

Para que esto exista de verdad, hace falta reeducar a una sociedad entrenada durante décadas en la competencia, el individualismo y la pérdida de memoria colectiva.

Una sociedad donde ayudar se mira con sospecha y cooperar se criminaliza.

La solidaridad no se impone: se construye.

Y para construirla hay que desmontar los discursos que ridiculizan o penalizan a quienes trabajan por un mundo más justo, más humano, donde —simplemente— quepamos todos.

Si tuviéramos representantes políticos que, sin excepción, trabajaran para los intereses reales de la ciudadanía —trabajo digno, pensiones, educación, sanidad, paz social— y no para fines electoralistas o económicos, viviríamos en una realidad muy distinta.

Pero no es así.

La ingeniería social funciona a pleno rendimiento para enfrentarnos entre nosotros.

Mientras discutimos, competimos o desconfiamos del otro, el poder avanza sin resistencia.

Divide y reinarás sigue más vigente que nunca.

Y a eso se suma una política que se ha alejado años luz de los ideales transformadores para convertirse en un nicho de inversión para grandes intereses y oligopolios.

No es casualidad que determinados sectores prefieran líderes negacionistas del cambio climático antes que políticas que apuesten por una sostenibilidad económica y ambiental real.

¿Qué podemos hacer como ciudadanía?

Estar más despiertos que nunca.

Y no ser jamás indiferentes.

No permitir que la criminalización de la protesta ni de la solidaridad se cuele en nuestro propio discurso.

La posverdad se debilita pensando.

La manipulación se rompe reflexionando.

Como advirtió Noam Chomsky, hace tiempo:

  • La propaganda es a la democracia lo que la coerción al Estado totalitario.

  • Mientras la población sea pasiva, apática o distraída por el consumismo o el miedo, los poderosos harán lo que quieran.

  • La manipulación mediática es más peligrosa que la violencia directa: destruye la capacidad de pensar.

  • Tenemos más información que nunca, pero entendemos cada vez menos.

Actualizado 2026

Nada de esto es casual.

Pero tampoco es irreversible.

Y todo esto ya fue advertido hace tiempo:

Noam Chomsky habló del fin de la solidaridad mucho antes de que fuera evidente.

Hoy lo vemos con claridad:

problemas estructurales convertidos en fracasos individuales,

bienestar reducido a responsabilidad privada,

empatía tratada como debilidad.

No es una deriva cultural.

Es una consecuencia política.

En el día de la solidaridad: Chomsky