¿Cuál es tu tradición de Navidad? Volvamos a la esencia

En mi familia nunca faltó la decoración de Navidad. Austera, minimalista… pero siempre presente. Incluso el año en que mi madre falleció, un 13 de diciembre, unos días antes, decoramos juntas nuestro último árbol. Esa imagen quedó grabada como un ritual sagrado.

Me enseñaron algo valioso: las tradiciones sociales pueden transformarse en tradiciones familiares. No importaba que estuviéramos viviendo en Australia y allí no se celebraran los Reyes Magos: en mis zapatos siempre había un pequeño regalo. No importaba no ser católicos para celebrar la Navidad: celebrábamos estar junt@s.

Recuerdo Navidades con la familia al completo: bisabuelos, abuelos, una mesa larga y el más mayor a la cabecera. Recuerdo también Navidades abundantes y otras austeras. La austeridad, en nuestro caso, casi siempre respondía a elecciones de vida. Me enseñaron que la dignidad no se vende y que los valores pesan más que cualquier objeto envuelto en papel brillante.

También me liberaron del compromiso social que te encadena a una mesa. Gracias a eso pude emigrar a Valencia un 24 de diciembre, pasando la Navidad en un avión, en un aeropuerto frío… para acabar en una pensión helada frente a la Estación del Norte. Y aun así, para mí fue una Navidad llena de ilusión: la ilusión de empezar la vida que hoy vivo aquí.

La Navidad en casa también era un recordatorio de valores. Como decía Montessori:
“Sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan; los años se encargarán de descifrarlas y hacerlas florecer.”
Mi madre sembró muchas en mí. Por eso hoy extraño su presencia, pero celebro su esencia.

Cuando me llamo Grinch o hablo de antinavidad, mi crítica nunca es hacia la fecha, sino hacia la sociedad de consumo. Esa que convierte todo en compras, ostentación y ruido. Esa que maquilla carencias emocionales con brillos y exceso.

Y ahí es donde vuelvo a lo importante: la esencia de la Navidad.

No hablo de religión, hablo de humanidad.

La esencia de la Navidad es:

  • recordar que el amor vale más que los regalos,

  • agradecer lo que tenemos,

  • compartir la mesa sin competir,

  • poner un poco más de ilusión y esperanza en el día,

  • y recordar que los valores no se celebran una vez al año, se cultivan siempre.

¿Cuál es tu tradición de Navidad?

Me encantará leerte en comentarios.