La caja de los recuerdos
Tengo 46 años y todavía paso los días cuestionándome, empujándome a ser más, a entenderme mejor. Pero a veces la vida te frena de golpe, y te topas con la caja.
Esa caja que me acompaña desde hace décadas y ha cruzado conmigo tres continentes. Dentro guarda un pedazo de cada etapa: hogar, familia, amigos, viajes, trabajos, risas y despedidas.
Un tren completo, con vagones que huelen a infancia, a juventud, a renacimiento.
Y al abrirla, lo entendí: he tenido una vida maravillosa.
Este domingo te invito a hacer lo mismo. A desempolvar tu propio álbum de vida.
Tal vez te pase como a mí, que desde la distancia —de los años, de los lugares— entiendes cuánto vales por todo lo que has vivido.
En mi caja hay rostros que el tiempo no borra: compañeras del colegio, amigas, profesores, alumnos, compañeros de trabajo, y esa otra vida que construí en Valencia.
Llegué con 29 años, sin saber que aquí también echaría raíces.
A mis seres queridos de Argentina: sepan que, a 14.000 kilómetros de casa, en una caja muy grande, vive un pedacito de ustedes.
He centrado las imágenes en mis dos grandes pilares: mis padres.
Ellos son el hilo que une todas mis versiones.
📍 Rosario, Argentina, 1978 – Jardín de infantes, los primeros pasos.
📍 Australia, años 80 – Infancia entre Sidney y Melbourne.
📍 Década del 90 – Una época dorada: viajes familiares, boda, graduación, mis primeros años como docente.
Años 90
Hasta el 2000 viví en Argentina. Y a finales de 2001 comenzó mi segunda vida: España.
Porque sí, renacemos muchas veces.
Y esta historia —la actual— es la que comparto cada día a través de las redes. Quizás las redes sean, de alguna forma, la nueva caja de los recuerdos.
Hoy me quedo con la certeza de que todo lo vivido me trajo hasta aquí.
Y con la mejor creación de todas: mi hijo, fruto de esta tierra valenciana y del Mediterráneo.
Mi flor de naranjo.
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