Esclavos de la imagen, lejos de la felicidad.

Buscando como buena buscadora, he dado con esta frase de François de la Rochefoucauld:

«Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo».

Francisco VI, duque de La Rochefoucauld. Escritor, aristócrata y militar francés, conocido, sobre todo, por sus Máximas. Nacido el 15 de septiembre de 1613, París, Francia.

Muy claro el concepto, muy actual, muy a temporal.

Por desgracia la sociedad sigue ejerciendo presión en el individuo para que este concepto de felicidad, basada en la imagen de lo que esperan que seamos, siga siendo una premisa.

Cuando nos liberamos de esta presión social, aprendemos a aceptarnos, reconocernos y es cuando más cerca nos encontramos de la felicidad o la plenitud personal. Por el contrario, cuanto más lejos estemos de nosotros mismos, el resentimiento, el victimismo y el enfado por no ser quien uno realmente quiere ser,  toma posesión del individuo,  la infelicidad le gobierna  y todo lo que le rodea se vuelve gris.

Este es el mayor miedo al que se enfrenta una persona decidida a  gobernar su propia existencia:

Se toma consciencia que la decisión implica dejar muchas cosas atrás. Pero también implica ser dueño de nuestra propia existencia y hacedores de nuestra felicidad.

Paulo Cohelo:

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres… Suelta el resentimiento. El encender “tu televisor emocional” para darle vueltas al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte. La vida está para adelante, nunca para atrás. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días,hace tres meses,hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.

Y RECUERDA

No dejes nunca de ser el Capitán de tu propia existencia.
Se valiente, se fuerte porque los mediocres, los que han vendido su alma, los walking deads,  los  que se quedan quietos viendo pasar su vida, buscando excusas. Intentarán confundirte o destruirte, porque tu representas la felicidad que ellos por cobardía,  o por sostener una falsa imagen de si mismos,  han dejado escapar.