Facebook limita los enlaces externos: otra razón para tener tu propia casa en Internet
Meta ha empezado a limitar los enlaces externos en algunas páginas de Facebook. A mí ya me ha tocado. Pero más allá del enfado y de las nuevas suscripciones, esto vuelve a recordarme algo que quienes vivimos y trabajamos en Internet no deberíamos olvidar: las redes sociales son terreno prestado. Tu web es tu casa.
Llevo escribiendo en Internet desde 2007.
Eso, en años digitales, debe equivaler aproximadamente a haber conocido a los dinosaurios.
He visto aparecer redes sociales que parecían imprescindibles. He abierto perfiles, páginas, comunidades. He aprendido algoritmos, cambiado formatos, pasado del texto a la fotografía, de la fotografía al vídeo, del vídeo al reel y del reel a vaya usted a saber qué será lo próximo.
Y durante todos estos años hubo algo que siguió ahí:
mi blog.
Mi casa.
Zuckerberg necesita más dinero

Facebook empieza a limitar los enlaces externos en algunas páginas: otra razón para no depender únicamente de las redes sociales.
Esta mañana me encontré con una nueva sorpresa en Facebook.
Meta ha comenzado a aplicar a algunas páginas un límite en las publicaciones y comentarios orgánicos que contienen enlaces externos.
En mi caso, ya está activo tanto en Vaquera del Espacio como en Tu Tienda Verde.
Sin pagar: dos publicaciones o comentarios con enlaces externos al mes.
Dos.
Tengo blogs. Escribo artículos. Evidentemente, utilizo las redes sociales para compartirlos.
Dos enlaces me duran menos que un paquete de galletas abierto.
Así que pensé que había encontrado una solución bastante sencilla: publicar el artículo desde mi perfil personal de Facebook y después compartir esa publicación en la página.
No.
Facebook también detecta el enlace de la publicación compartida y, una vez alcanzado el límite, tampoco me permite republicarla.
Bien jugado, Mark.
Por supuesto, hay una solución: pagar
Y aquí es donde fui a mirar las alternativas que ofrece Meta.
Según la información que me muestra Facebook, los planes quedan así:
- Sin suscripción: 2 publicaciones o comentarios con enlaces al mes
- Essential, 14,99 USD/mes: 2
- Advanced, 49,99 USD/mes: 8
- Expert, 149,99 USD/mes: 20
- Max, 499,99 USD/mes: ilimitados
Cuando vi los 49,99 dólares pensé que al menos permitirían bastantes enlaces.
Ocho.
Cincuenta dólares al mes para pasar de dos a ocho.
Y si quieres olvidarte del contador, 499,99 dólares mensuales.
Va a ser que no, Mark.
Pero después del primer cabreo me quedé pensando.
Porque quizá lo verdaderamente interesante de esta historia no sean los enlaces.
El problema no es Facebook
Facebook es una empresa y decide qué hace con su plataforma.
Puede cambiar sus condiciones.
Puede cobrar.
Puede modificar el algoritmo.
Puede decidir mañana que las fotografías tienen menos alcance y que quiere vídeos.
Puede decidir que los vídeos duren treinta segundos.
Puede reducir la visibilidad de las páginas.
Puede aumentar el precio de la publicidad.
Puede limitar los enlaces.
Puede incluso desaparecer algún día.
Porque Facebook es de Meta. No es mío.
Instagram tampoco es mío.
LinkedIn tampoco.
TikTok tampoco.
YouTube tampoco.
Podemos construir comunidades enormes dentro de ellas, dedicar años a conseguir seguidores y generar miles de contenidos.
Pero seguimos construyendo en un terreno que pertenece a otro.
Y el propietario puede cambiar las reglas.
Tu web es tu casa
Por eso hoy agradecí especialmente algo que empecé casi sin saber lo que estaba haciendo allá por 2007.
Vaquera del Espacio tiene casa propia.
Tiene dominio.
Tiene miles de palabras escritas.
Tiene años de historias.
Tiene enlaces internos, fotografías, artículos posicionados y páginas que siguen recibiendo visitas mucho después de haberlas publicado.
No necesito que un algoritmo decida enseñar un artículo durante 24 horas para que ese artículo siga existiendo.
Un post de Facebook baja por el muro hasta desaparecer.
Un buen artículo puede seguir entrando desde Google años después.
Y esa diferencia cada vez me parece más importante.
Las redes sociales son fantásticas.
Las uso y voy a seguir usándolas.
Me permiten conversar, encontrar personas, distribuir contenido, descubrir proyectos y crear comunidad.
Pero son las carreteras que llevan hasta mi casa.
No son la casa.
El error es depender de una sola plataforma
Esto tampoco significa que haya que abandonar Facebook porque ahora limite enlaces.
Sería sustituir una dependencia por otra reacción impulsiva.
La enseñanza es exactamente la contraria:
diversificar.
Web.
SEO.
Newsletter.
Google.
Facebook.
Instagram.
LinkedIn.
WhatsApp.
Telegram.
Y mañana aparecerá otra cosa.
Un proyecto digital debería poder sobrevivir si uno de esos canales deja de funcionar.
Porque si todo tu negocio depende de Instagram y mañana Instagram cambia su algoritmo, tienes un problema.
Si todas tus ventas llegan desde Facebook y Facebook cambia las condiciones, tienes un problema.
Si has construido una comunidad de 100.000 seguidores pero no tienes ninguna manera de llegar a esas personas fuera de esa plataforma, esos 100.000 seguidores son bastante menos tuyos de lo que parecen.
Eso es lo que esta pequeña historia de los dos enlaces me ha vuelto a recordar.
Crear activos digitales propios
Hay algo que me gusta especialmente de una web: lo que haces hoy puede seguir trabajando mañana.
Un artículo bien escrito puede posicionarse.
Otro puede enlazarlo.
Google puede descubrirlo meses después.
Una persona puede encontrarlo dentro de tres años buscando exactamente aquello sobre lo que escribiste una tarde cualquiera.
Poco a poco vas construyendo una biblioteca.
Una identidad.
Una autoridad.
Un archivo.
Un negocio.
Eso es un activo digital.
Y cuanto más tiempo pasa, más valor puede acumular.
Las redes sociales, en cambio, tienen una memoria bastante más corta.
Hoy eres visible.
Mañana el algoritmo decide otra cosa.
Después de casi veinte años escribiendo, vuelvo al principio
Quizá sea una de esas ironías bonitas de Internet.
Después de casi veinte años escribiendo un blog, después de Facebook, Instagram, reels, algoritmos, métricas, alcance y seguidores, termino llegando nuevamente a una conclusión tremendamente sencilla:
escribe en tu casa.
Después abre todas las ventanas que quieras.
Pon carteles.
Sal a conversar.
Comparte en las redes.
Haz vídeos.
Publica fotografías.
Aprende SEO.
Experimenta con las plataformas nuevas.
Pero intenta que siempre exista un lugar al que volver.
Un lugar donde nadie pueda decirte que este mes ya has utilizado tus dos oportunidades para abrir la puerta.
Por eso seguiré utilizando Facebook.
Seguiré utilizando Instagram.
Seguiré publicando en LinkedIn.
Y encontraré la manera de adaptarme a este nuevo límite, como nos hemos adaptado a tantos otros cambios desde que Internet existe.
Pero mis artículos seguirán naciendo aquí.
En mi dominio.
En mi archivo.
En mi casa.
Las plataformas son prestadas.
Los algoritmos cambian.
Las redes vienen y van.
Construye tu casa digital y utiliza las redes para llevar gente hasta ella, no al revés.
Y respecto a los 499,99 dólares mensuales para olvidarme del límite de enlaces…
Va a ser que no, Mark.
Nos vemos en mi casa. 😉
¿Seguimos hablando de vida digital y emprendimiento?
Internet cambia, las plataformas cambian y nuestra manera de trabajar, comunicarnos y emprender también.
Sigue leyendo más artículos, donde reflexiono sobre tecnología, redes sociales, SEO y cómo construir nuestro propio espacio en Internet.

¡Volvemos a los inicios, la mejor opción es publicar en casa, gracias por el artículo compañera! 👍
Visto lo visto, cada día más convencida de ello. Abrazo Ric y gracias por pasarte!