Terminar Psicología a los 57: no empiezas de cero, empiezas con experiencia
Hay una edad para empezar el colegio. Una edad aproximada para terminar los estudios. Una edad en la que se supone que debemos encontrar trabajo, construir una carrera, formar una familia y tener más o menos claro qué queremos hacer con nuestra vida.
O eso nos contaron.
Pero la vida rara vez respeta nuestros calendarios.
A veces llegamos a los 45, a los 50 o a los 57 y descubrimos que todavía queremos aprender. Que aquella profesión ya no nos representa. Que queremos volver a estudiar. Que tenemos curiosidad por algo nuevo. O, sencillamente, que la persona que somos hoy necesita una vida profesional diferente de la que eligió hace décadas.
Entonces aparece una de las preguntas más paralizantes:
¿No será demasiado tarde?
La historia de Marife Comes ofrece una respuesta bastante contundente.
Marife terminó el Grado en Psicología por la UNED a los 57 años, mientras trabajaba en la Conselleria de Sanidad. No estudió en una burbuja alejada de las obligaciones cotidianas: tuvo que compatibilizar aprendizaje, trabajo y responsabilidades y experimentar personalmente qué significa volver a estudiar cuando la vida ya está llena.
Y quizá por eso una de las frases sobre las que está construyendo ahora su nuevo proyecto profesional resulta tan poderosa:
No llegas tarde. Llegas con experiencia.
Volver a estudiar cuando ya tienes una vida construida
Hablar de reinventarse queda precioso en las redes sociales.
Hacerlo es otra cosa.
Volver a estudiar de adulta significa encontrar tiempo donde aparentemente no existe, recuperar hábitos, enfrentarse nuevamente a exámenes y preguntarse si la memoria, la concentración o la capacidad de aprendizaje siguen siendo las mismas.
Y además está la vida.
Trabajo. Familia. Responsabilidades. Dinero. Cansancio.
Precisamente ese es el territorio que Marife está investigando: mujeres de entre 45 y 60 años con experiencia laboral y vital que trabajan, cuidan o sostienen responsabilidades y que, aun así, contemplan volver a estudiar, opositar, cambiar de profesión o preparar una nueva etapa.
No son mujeres que estén empezando sus vidas.
Son mujeres que quieren decidir qué hacer con la siguiente parte de ellas.
Y ahí cambia completamente la mirada.
1. Empezar de nuevo no significa empezar de cero
Cuando cambiamos de profesión o volvemos a estudiar solemos mirar lo que nos falta.
Un título.
Conocimientos tecnológicos.
Un idioma.
Una determinada formación.
Pero pocas veces hacemos el inventario contrario: todo lo que llevamos con nosotros.
Décadas trabajando significan haber aprendido a resolver problemas, relacionarnos con personas, gestionar conflictos, organizarnos, equivocarnos, adaptarnos y tomar decisiones.
Cambiar de rumbo no borra todo eso.
Por eso resulta especialmente acertada una de las ideas centrales del proyecto de Marife:
No empiezas de cero: empiezas con experiencia.
La mochila puede pesar, sí.
Pero también contiene herramientas.
2. Quizá no has perdido capacidad: necesitas otro método
Existe una trampa bastante habitual cuando una persona vuelve a estudiar muchos años después: intentar estudiar exactamente como lo hacía a los veinte.
Pero las circunstancias han cambiado.
El tiempo está más fragmentado. Existen otras responsabilidades. Y probablemente también conocemos mucho mejor nuestras fortalezas y nuestras limitaciones.
Por eso adaptar el método forma parte del aprendizaje adulto.
No disponer de cuatro horas seguidas no significa ser incapaz de estudiar. Puede significar que necesitamos organizar el aprendizaje de otra manera.
Entre las dificultades que Marife quiere investigar están precisamente el miedo a no rendir académicamente como antes y la dificultad para encontrar métodos compatibles con trabajar, cuidar y estudiar.
Y aquí aparece otra idea que merece quedarse:
Si el método no encaja, no significa que tú no puedas.
3. Reinventarse no debería significar idealizar el cambio
En Vaquera del Espacio hablamos mucho de cambios.
Y quizá porque quien escribe estas líneas también ha cambiado unas cuantas veces de vida, cada vez creo menos en esa versión edulcorada de la reinvención que nos venden algunas redes sociales.
Cambiar puede ser maravilloso.
Y puede dar muchísimo miedo.
Las dos cosas pueden ocurrir simultáneamente.
Un cambio profesional después de los 45 necesita ilusión, pero también preguntas bastante poco románticas:
¿Tengo tiempo?
¿Cuánto cuesta?
¿Para qué quiero hacerlo?
¿Es compatible con mi vida?
¿Qué oportunidades reales puede abrirme?
¿Qué estoy dispuesta a cambiar y qué no?
La propuesta que Marife está desarrollando parte precisamente de convertir una intención difusa en un siguiente paso realista y compatible con la vida actual de cada persona.
Porque una decisión sostenible probablemente vale más que diez impulsos de motivación.
4. Pedir orientación no significa que alguien decida por ti
Cuando tenemos demasiadas posibilidades ocurre algo curioso: en lugar de sentirnos más libres, podemos quedarnos paralizados.
¿Qué estudio?
¿Una carrera?
¿Formación profesional?
¿Una oposición?
¿Un curso?
¿Cambio completamente de sector?
¿Aprovecho mi experiencia anterior?
¿Y si invierto tiempo y dinero y después descubro que me he equivocado?
Entre las necesidades que Marife está explorando aparece precisamente esa dificultad: tener demasiadas opciones y poca claridad para decidir.
La orientación no debería consistir en que alguien nos entregue la respuesta correcta.
Debería ayudarnos a formular mejores preguntas.
5. La capacidad no tiene fecha de caducidad
Quizá esta sea la cuestión de fondo.
Vivimos mucho más que generaciones anteriores, pero seguimos utilizando mapas vitales diseñados para vidas mucho más lineales.
Estudiar.
Trabajar.
Jubilarse.
Entre medias, aguantar.
Pero una persona de 50 años puede tener por delante décadas de vida activa.
¿Por qué deberíamos asumir que aquello que elegimos con veinte tiene que definir necesariamente todo lo que viene después?
Marife terminó Psicología a los 57.
No porque los años anteriores no hubieran servido.
Precisamente porque existieron.
Su trayectoria incluye experiencia en empresa, administración y comercio exterior, además de su formación en Psicología y su propia experiencia como estudiante adulta.
Todo eso llega con ella a la siguiente etapa.
De una experiencia personal nace Marife Comes Orientación
De esa experiencia está naciendo ahora Marife Comes Orientación, un proyecto centrado en la orientación educativa y profesional para personas adultas, con especial atención a mujeres mayores de 45 años que atraviesan procesos de aprendizaje, decisión o transición profesional.
Puedes conocer y seguir el proyecto de Marife en su página oficial de Facebook:
Dentro de este proyecto, Marife está desarrollando REIMPULSA 45+, actualmente en fase de validación dentro de Santander X Explorer.
Y esta precisión es importante.
No estamos hablando todavía de un programa cerrado ni de una consulta psicológica. El proyecto se está construyendo mediante entrevistas y experiencias reales para comprender primero cuáles son las necesidades antes de diseñar una solución. El propio dossier insiste en esa construcción prudente y experimental.
Personalmente, esa forma de emprender me interesa.
Primero escuchar. Después crear.
En tiempos en los que abundan soluciones inventadas antes incluso de comprobar si existe el problema, comenzar preguntando me parece bastante sensato.
Mujeres 45+: Marife quiere escucharos

Marifé Comes terminó Psicología a los 57 años y ahora impulsa REIMPULSA 45+, un proyecto para mujeres que quieren abrir una nueva etapa personal y profesional.
Actualmente, Marife busca mujeres de entre 45 y 60 años que estén pensando en volver a estudiar, cambiar de profesión o comenzar una nueva etapa laboral.
Las entrevistas duran aproximadamente entre 20 y 30 minutos y pueden realizarse por teléfono o videollamada.
Y algo importante: no se trata de una venta.
El objetivo es escuchar experiencias reales antes de diseñar una solución.
Porque quizá la mejor manera de construir algo para mujeres adultas sea empezar haciendo algo bastante sencillo:
escucharlas.
Y mientras Marife continúa construyendo su proyecto, yo me quedo con una frase que trasciende cualquier emprendimiento:
No llegas tarde. Llegas con experiencia.
Quizá no necesites empezar otra vida.
Quizá solamente haya llegado el momento de preguntarte qué quieres hacer con toda la experiencia que ya tienes.
¿Alguna vez has pensado que eras demasiado mayor para estudiar, cambiar de profesión o comenzar una nueva etapa?
Seguir empezando
La historia de Marifé forma parte de un fenómeno mucho más amplio: una generación que está descubriendo que cambiar de profesión, estudiar, emigrar o construir otra vida después de los 45 o los 50 no significa haber fracasado.
Sobre esa transformación escribí también en La generación que aprendió a empezar de nuevo, una reflexión sobre quienes estamos descubriendo que la vida no tiene una única hoja de ruta.
