Ese vídeo que te emocionó quizá nunca ocurrió: cómo reconocer vídeos generados por IA
Un perro espera durante años a su dueño. Un animal salvaje se acerca desesperado a un ser humano para pedirle ayuda. Una cría es rescatada en el último segundo. Un anciano vuelve a encontrarse con su mascota después de perderlo todo.
Lo vemos. Nos emocionamos. Dejamos un corazón. Quizá escribimos «los animales son maravillosos» y lo compartimos.
Solo hay un problema:
Puede que nunca haya sucedido.
Las redes sociales se están llenando de vídeos creados con inteligencia artificial que reproducen escenas aparentemente reales y, muchas veces, profundamente emotivas.
Y están mejorando tan deprisa que ya no siempre resulta sencillo distinguirlos.
Esto no significa que tengamos que desconfiar de absolutamente todo lo que vemos ni convertirnos en detectives digitales. Pero sí necesitamos incorporar una habilidad que será cada vez más importante: aprender a mirar de otra manera.
Porque estamos entrando en una época en la que ver algo con nuestros propios ojos ya no significa necesariamente que haya ocurrido.
La inteligencia artificial ya puede crear vídeos que parecen reales
Hace no demasiado tiempo, las imágenes generadas por inteligencia artificial tenían errores bastante evidentes: manos imposibles, rostros deformados, objetos extraños o escenas que inmediatamente nos hacían pensar que algo no cuadraba.
Eso está cambiando.
Hoy existen sistemas capaces de generar secuencias de vídeo a partir de unas instrucciones escritas o de una imagen. Pueden crear personas, animales, paisajes, movimientos de cámara, expresiones, iluminación y situaciones que jamás existieron.
Y aquí conviene hacer una distinción importante:
El problema no es crear ficción con inteligencia artificial.
El cine, la fotografía, la literatura y la publicidad llevan toda la vida construyendo ficciones.
El problema aparece cuando una ficción se presenta como si fuera un acontecimiento real, especialmente cuando está diseñada para provocar nuestra emoción y conseguir una reacción.
¿Por qué vemos tantos vídeos falsos de animales?
Probablemente ya te hayas cruzado con alguno.
Animales salvajes que parecen pedir ayuda a personas. Perros protagonizando rescates extraordinarios. Madres reencontrándose con sus crías. Mascotas esperando durante años a alguien. Situaciones increíbles captadas, casualmente, justo en el momento perfecto.
No es casualidad que muchos de estos contenidos tengan como protagonistas a animales.
Los animales despiertan una respuesta emocional inmediata. También funcionan especialmente bien los niños, los ancianos, los rescates, las injusticias, las catástrofes y los reencuentros.
Nos detenemos.
Miramos.
Comentamos.
Compartimos.
Y en las redes sociales nuestra emoción también se convierte en engagement.
Cuanto más extraordinaria, tierna, triste o indignante sea una historia, más posibilidades tiene de circular.
Por eso quizá tengamos que adquirir una nueva costumbre:
cuanto más increíble y emocional sea un vídeo, menos prisa deberíamos tener por compartirlo.
Cómo reconocer un vídeo generado por inteligencia artificial
No existe una señal infalible. Además, muchas de las pistas que hoy permiten detectar estos vídeos probablemente irán desapareciendo a medida que avance la tecnología.
Pero todavía podemos observar algunas cosas.
1. Mira manos, patas y otras extremidades
Dedos, manos, patas, dientes, orejas y articulaciones siguen siendo buenos lugares donde detener la mirada.
No busques únicamente deformidades evidentes. Observa si cambian ligeramente durante el vídeo, si el número de dedos parece variar o si algún elemento aparece y desaparece entre fotogramas.
2. Observa los objetos
Un collar puede cambiar de forma.
Una correa puede desaparecer.
Una puerta puede tener un aspecto diferente unos segundos después.
Un objeto puede incluso fusionarse con otro.
La falta de coherencia entre diferentes momentos de una misma escena puede ser una pista.
3. Fíjate en los movimientos
A veces no sabemos explicar exactamente qué ocurre, pero algo resulta extraño.
Un cuerpo se desplaza con demasiada suavidad, un animal gira de una manera poco natural o las personas interactúan con los objetos sin respetar completamente su volumen.
Ese pequeño «algo no me cuadra» merece atención.
4. No mires solo al protagonista: observa el fondo
Mientras nuestra atención está puesta en el perro, el bebé o la persona que protagoniza la historia, pueden estar ocurriendo cosas extrañas detrás.
Árboles, coches, edificios, personas u objetos pueden transformarse discretamente mientras la cámara se mueve.
5. Busca textos
Carteles, matrículas, etiquetas, camisetas o escaparates pueden ofrecer pistas.
La generación de texto mediante IA ha mejorado muchísimo, pero todavía pueden aparecer palabras incoherentes, símbolos extraños o letras que cambian durante la secuencia.
6. Observa la física
El agua, el fuego, el humo, las sombras, los reflejos, el pelo o el contacto entre diferentes cuerpos son especialmente interesantes.
Podemos hacernos una pregunta muy sencilla:
¿Esto se comportaría realmente así en el mundo físico?
7. Desconfía un poco de la perfección narrativa
Todo ocurre exactamente en el momento adecuado.
La cámara está perfectamente situada.
El animal mira donde tiene que mirar.
El rescate sucede justo a tiempo.
Y diez segundos después tenemos un desenlace capaz de hacernos llorar.
La vida puede regalarnos escenas extraordinarias, por supuesto.
Pero la vida real también suele ser bastante más desordenada.
Cuando una escena parece escrita para provocar exactamente una emoción y todo encaja con una perfección casi cinematográfica, merece la pena preguntarse qué estamos viendo.
8. Busca el origen del vídeo
Esta será probablemente una de nuestras mejores herramientas.
¿Quién publicó originalmente el vídeo?
¿Dice dónde ocurrió?
¿Hay una fecha?
¿Existe alguna noticia sobre el acontecimiento?
¿Otros medios o personas independientes muestran lo sucedido?
¿O encontramos cientos de cuentas compartiendo el mismo vídeo, pero ninguna capaz de explicar de dónde salió?
No mires solamente el vídeo. Mira también su historia.
Una imagen extraña no demuestra que sea IA
Esto es fundamental.
Encontrar algo extraño no demuestra automáticamente que un vídeo haya sido creado mediante inteligencia artificial.
Un vídeo real puede tener mala calidad, estar comprimido, editado, ralentizado o grabado en circunstancias que produzcan efectos visuales extraños.
Y, al mismo tiempo, un vídeo generado mediante IA puede llegar a ser extraordinariamente convincente.
Por eso el objetivo no debería ser convertirnos en jueces capaces de dictaminar en tres segundos:
REAL / IA.
El objetivo es recuperar algo mucho más sencillo:
la duda.
No compartir automáticamente.
Buscar contexto.
Preguntarnos quién lo publica.
Comprobar si existen otras fuentes.
Y aceptar que algunas veces, sencillamente, no podremos saberlo.
Cuando la IA convierte las redes en una fábrica de copias
Hay otra consecuencia de todo esto que empieza a resultarme preocupante.
Cada vez es más habitual encontrar creadores enseñando cómo reproducir un contenido que ha funcionado: comparten el prompt, explican paso a paso cómo conseguir prácticamente el mismo resultado e incluso encontramos tutoriales para descargar vídeos creados por otros y reutilizarlos.
Y lo sorprendente es la naturalidad con la que sucede.
«Pásame el prompt». «¿Cómo hago este mismo vídeo?». «¿Dónde lo descargo?»
Todo sea por el like.
Compartir conocimientos y herramientas me parece fantástico. Apropiarse del trabajo ajeno, no.
Inspirarnos en otros forma parte de cualquier proceso creativo. Pero existe una diferencia entre inspirarse y reproducir una idea, una ejecución o directamente un contenido para presentarlo después como propio.
Y la IA puede multiplicar este fenómeno hasta límites que todavía estamos empezando a ver.
Un vídeo funciona y poco después aparecen diez versiones. Después cien.
El mismo animal. El mismo rescate. La misma historia. La misma emoción. El mismo final.
Cambian cuatro elementos y vuelta a empezar.
Terminaremos encontrándonos con contenidos duplicados, triplicados y multiplicados hasta el infinito.
Y hay algo profundamente paradójico en todo esto:
Nunca habíamos tenido tantas herramientas para crear y, sin embargo, corremos el riesgo de terminar creando todos lo mismo.
La inteligencia artificial puede democratizar la creatividad. Pero disponer de una herramienta capaz de generar casi cualquier cosa no debería hacernos olvidar algo bastante elemental:
crear no es copiar.
Pero hay algo que me preocupa todavía más
Podemos pensar que el mayor peligro consiste en creer que ocurrió algo que nunca sucedió.
Pero existe otro fenómeno quizá más inquietante:
que llegue un momento en el que dejemos de creer también aquello que sí ocurrió.
Si cada día vemos imágenes artificiales prácticamente indistinguibles de las reales, será muy fácil responder ante cualquier vídeo incómodo, sorprendente o comprometedor:
«Eso está hecho con IA».
Y entonces aparece una paradoja enorme.
La inteligencia artificial no solo puede conseguir que creamos en acontecimientos inexistentes.
También puede conseguir que dudemos de acontecimientos reales.
Durante décadas hemos repetido aquello de:
«Ver para creer».
Tal vez esa frase esté llegando al final de su vida útil.
No necesitamos tener miedo a la inteligencia artificial
La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria.
Puede ayudarnos a crear, investigar, aprender, trabajar, traducir, imaginar mundos y contar historias que antes habrían necesitado enormes recursos.
El problema no es la existencia de la herramienta.
La cuestión está en cómo la utilizamos y cómo aprendemos a convivir con ella.
Necesitaremos cada vez más alfabetización digital y pensamiento crítico.
No para vivir desconfiando de todo.
Precisamente para lo contrario:
para poder seguir confiando cuando existan razones para hacerlo.
Quizá dentro de poco la pregunta ya no sea:
«¿Lo he visto?»
Sino:
«¿Cómo sé que ocurrió?»
Porque en un mundo capaz de fabricar prácticamente cualquier imagen, el pensamiento crítico empieza justo donde termina la pantalla.
Y quizá el problema vaya más allá de distinguir qué es real y qué ha sido generado por una máquina. La proliferación de contenidos creados con inteligencia artificial también está cambiando las propias redes sociales: mismas ideas, mismos estilos, mismos textos y una sensación creciente de estar viendo siempre lo mismo. Sobre ello reflexiono en «¿La inteligencia artificial está haciendo las redes sociales más aburridas?».
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PD: Este artículo no pretende enseñarte a desconfiar de todo. Pretende algo mucho más difícil en estos tiempos: detenernos unos segundos antes de creer y compartir.