Hace unos días tuve una conversación curiosa con una inteligencia artificial.

Le pregunté qué era Vaquera del Espacio.

La respuesta fue sorprendentemente buena.

Reconoció que se trataba de un blog, una marca personal y un espacio de reflexión construido durante años alrededor de temas como la vida consciente, el storytelling, la comunicación y la cultura digital.

Hasta ahí, todo bien.

El problema llegó cuando me definió como valenciana.

Yo nací en Rosario, Argentina.

Llevo más de veinticinco años viviendo en Valencia, pero sigo siendo rosarina.

Así que decidí corregirla.

Lo interesante ocurrió después.

La inteligencia artificial no solo se disculpó. También me explicó por qué había llegado a esa conclusión.

Según ella, gran parte de los registros, directorios y referencias que encontraba sobre mi actividad digital estaban asociados a Valencia.

Había interpretado mi lugar de residencia como mi lugar de origen.

Era un error.

Pero también era una pista.

Internet ya no es solo un archivo para personas

Durante años hemos pensado en internet como un lugar donde publicamos cosas.

Escribimos artículos.

Compartimos fotografías.

Creamos perfiles.

Abrimos blogs.

Participamos en comunidades.

Vamos dejando pequeñas piezas de información dispersas por distintos rincones de la red.

Sin embargo, algo está cambiando.

Hasta hace poco, esos fragmentos eran consumidos principalmente por personas y buscadores.

Ahora también empiezan a ser interpretados por inteligencias artificiales.

Y eso modifica la naturaleza de nuestra huella digital.

Porque ya no se trata únicamente de aparecer en una búsqueda.

Se trata de ser comprendidos.

La IA no sabía quién era yo

Lo más curioso de toda la experiencia es que la inteligencia artificial no sabía realmente quién era yo.

No me conocía.

No había leído mi historia completa.

No había vivido ninguno de los acontecimientos que han dado forma a mi vida.

La IA no me conocía.

Estaba intentando deducirme.

Lo que conocía era otra cosa.

Conocía la versión de mí que había sido capaz de reconstruir a partir de los rastros que fui dejando durante casi veinte años en internet.

Los artículos.

Los perfiles.

Las menciones.

Los directorios.

Las entrevistas.

Los comentarios.

Los proyectos.

Todo aquello que, poco a poco, fue formando una especie de identidad digital paralela.

Una identidad que no es exactamente la persona real, pero que tampoco es una simple colección de datos.

Y entonces empezó a hablarme en argentino

Hubo otro detalle que me llamó la atención.

Después de corregirla y explicarle que había nacido en Rosario, la conversación cambió.

La inteligencia artificial empezó a utilizar expresiones argentinas.

Aparecieron frases como:

«¡Sos vos!»

o referencias a mi identidad como rosarina.

No era solo una corrección de un dato geográfico.

Era una adaptación del lenguaje.

De alguna manera, la IA había incorporado nueva información sobre quién creía que era yo y estaba ajustando su forma de comunicarse en consecuencia.

Eso me hizo pensar que las inteligencias artificiales no solo intentan identificar personas, marcas o proyectos.

También intentan interpretar contexto cultural.

A veces aciertan.

A veces se equivocan.

Pero en ambos casos nos muestran algo interesante: la enorme cantidad de señales que dejamos detrás cuando interactuamos en internet.

Del SEO a las entidades

Durante mucho tiempo, el SEO consistió principalmente en posicionar páginas.

Después empezamos a hablar de posicionar marcas.

Hoy la conversación parece estar desplazándose hacia otro lugar.

Las inteligencias artificiales intentan entender entidades.

Personas.

Empresas.

Proyectos.

Conceptos.

Intentan relacionar información dispersa para construir contexto.

No buscan únicamente una palabra clave.

Intentan responder preguntas como:

¿Quién es esta persona?

¿De qué habla?

¿Qué proyectos desarrolla?

¿Qué relación existe entre unos contenidos y otros?

¿Por qué aparece constantemente asociada a determinados temas?

Quizá por eso cada vez tiene más importancia construir una identidad digital coherente.

No solo para Google.

También para los sistemas que intentan interpretar el mundo a través de la información disponible en internet.

Veinte años dejando migas de pan

Cuando abrí Vaquera del Espacio en 2007 no pensaba en algoritmos.

Ni en SEO.

Ni mucho menos en inteligencia artificial.

Escribía porque necesitaba escribir.

Como tantas personas que empezaron un blog en aquella época.

Con el tiempo llegaron los proyectos, los cambios de país, los emprendimientos, las etapas personales, los éxitos y los fracasos.

Y sin darme cuenta fui dejando una larga cadena de pequeñas migas de pan digitales.

Lo que descubrí estos días es que esas migas no desaparecen.

Se convierten en contexto.

Se convierten en historia.

Y, al parecer, también se convierten en material con el que una inteligencia artificial intenta entender quién eres.

Quizá dentro de unos años estas conversaciones nos parezcan normales.

Quizá las inteligencias artificiales serán capaces de identificar personas, trayectorias y contextos con una precisión mucho mayor que la actual.

Pero hoy todavía estamos en una etapa extraña y fascinante.

Una etapa en la que las máquinas intentan comprendernos a partir de los rastros que dejamos detrás.

Y en la que nosotros empezamos a descubrir que todo lo que escribimos, compartimos y construimos en internet acaba formando parte de una historia que otros —humanos o no— pueden intentar reconstruir.

Lo fascinante no fue el error

La IA se equivocó.

Confundió mi lugar de residencia con mi lugar de nacimiento.

Pero lo fascinante no fue el error.

Lo fascinante fue comprobar que había sido capaz de reconocer el proyecto.

Reconocer a la autora.

Reconocer los temas.

Reconocer una trayectoria.

Y hacerlo sin que nadie se lo explicara directamente.

Tal vez el futuro del SEO no consista únicamente en aparecer primero en los resultados de búsqueda.

Tal vez consista en construir una identidad tan coherente que las inteligencias artificiales sean capaces de entender quién eres, qué haces y por qué lo haces.

Aunque, de vez en cuando, todavía confundan una rosarina con una valenciana.

Si te interesan temas como la inteligencia artificial, los blogs, la marca personal o los cambios que está viviendo internet, puedes encontrar más artículos en la sección Vida digital y emprendimiento de Vaquera del Espacio.