No es turismofobia: es la defensa del derecho a habitar nuestras ciudades
Hace tiempo que me preocupa el turismo masivo. Mucho antes de que se hablara de “turismofobia” o de que las ciudades empezaran a cuestionar el modelo actual.
Lo que se vive hoy no es una reacción exagerada ni un ataque al visitante. Es un llamado urgente al turismo sostenible y a la protección del tejido social que da vida a nuestras ciudades.
Llevo más de dos décadas viviendo en València. Me enamoré de esta ciudad cuando todavía no aparecía en los listados de moda, cuando no era telón de fondo de redes sociales, cuando se podía recorrer sin empujones ni colas.
Y, sobre todo, cuando los barrios seguían siendo barrios: con tiendas de siempre, vecinos de toda la vida y un ritmo más amable.
Con el tiempo, el centro histórico —el lugar donde tuve la suerte de vivir— se transformó.
Las plazas y callejuelas que antes eran espacios de encuentro se fueron llenando de alojamientos turísticos, de cruceristas de paso, de comercios efímeros.
Lo cotidiano se volvió escenografía.
Y lo esencial —la vida de barrio— comenzó a desaparecer.
La ciudad ya no es para quien la habita
El impacto del turismo masificado no es solo estético ni anecdótico. Es estructural.
Los precios del alquiler se disparan, empujando a los residentes a irse cada vez más lejos.
Los comercios tradicionales cierran, arrasados por cadenas que solo entienden de volumen y rentabilidad rápida.
Y la ciudad pierde identidad.
Pierde alma.
Todo esto tiene nombre: gentrificación.
Y aunque suene técnico o lejano, lo vivimos cada día quienes seguimos aquí.
Es ese momento en el que ya no reconoces a tus vecinos.
O en el que no puedes dormir porque, junto a tu ventana, hay una despedida de soltero todas las semanas.
Y luego están los cruceros
Verdaderos monstruos flotantes que arriban dejando contaminación, residuos y masificación, pero con poco retorno real para la ciudad.
La pregunta incómoda es sencilla:
¿De verdad necesitamos esto?
Un solo crucero de unas 3.000 personas puede generar semanalmente:
• Más de 200.000 litros de aguas residuales
• Cerca de un millón de galones de aguas grises
• Emisiones contaminantes equivalentes a miles de coches
Y todo eso puede terminar en nuestros mares y en el entorno que sostiene nuestras ciudades.
¿Vale la pena?
¿A qué coste real?
(Puedes profundizar más en este tema en el artículo sobre turismo sostenible).
No se trata de demonizar el turismo.
Se trata de preguntarnos qué modelo queremos sostener.
Este debate no es nuevo. Hace tiempo analicé con más profundidad el impacto ambiental y social del modelo turístico actual, especialmente en relación con los cruceros y la masificación urbana.
👉 [enlace al artículo Modelo de turismo sostenible]
Otro turismo es posible
No se trata de rechazar a quien viaja.
Se trata de reclamar un modelo que no desplace, que no destruya, que no contamine.
Un turismo que respete tanto el lugar como a quienes lo habitan.
Viajar debería ser una forma de conocer, no de consumir.
Para que eso ocurra, el cambio no depende solo del viajero.
También depende de decisiones políticas, urbanísticas y económicas:
Regular el alojamiento turístico para proteger los barrios.
Controlar el impacto real de los cruceros.
Fomentar educación turística basada en respeto y convivencia.
Proteger el comercio local y el espacio público.
¿Qué puedes hacer tú?
Si vienes de visita, tienes poder.
Puedes elegir cuándo viajar.
Cómo moverte.
Qué consumir.
Puedes evitar contribuir al colapso…
y formar parte de una experiencia más auténtica y respetuosa.
Y si vives aquí —como yo— sabes que esto no va solo de turismo.
Va de defender el derecho a vivir.
A habitar.
A pertenecer.
Por eso insisto:
Esto no es turismofobia.
Es amor profundo por una ciudad que no queremos perder.
Imagen de portada creada por IA
Actualización — el viaje también ha cambiado
Este debate no se queda solo en las ciudades. También forma parte de una conversación más amplia sobre cómo entendemos el viaje hoy.
Viajar ya no es solo desplazarse. Cada vez es más una decisión consciente sobre el impacto que dejamos en los lugares y en las personas.
👉 Desarrollé esta reflexión aquí:
[enlace al artículo Viajar también es elegir qué impacto dejamos]
Que importante es trabajar en un turismo sostenible… Muchas veces se olvida a los vecinos.
Gracias Aarón!, muchas veces en lugar de dañar el tejido social, se lo puede iluminar…. A veces veo en Valencia negocios tradicionales, morir, cuando se lo podría preservar gracias al turismo. Es cambiar el enfoque. Ofrecer alternativas, diversificar. Es voluntad, lo demás es especulación y sobre explotación de lugares y recursos.