Hoy me he enterado, gracias a una amiga, de que es el Día Mundial de la Adopción, y no he podido evitar emocionarme.

La adopción ha sido, para mí, la mayor fortuna de mi vida. No solo por el enorme privilegio de haber podido adoptar, sino porque me ha permitido experimentar ese vínculo sagrado que puede unir a las personas. Como dice el refrán popular: «La sangre nos hace parientes, pero la lealtad nos convierte en familia». Llámalo destino, casualidad o simplemente vida: algo hizo que llegáramos a la familia a la que hoy pertenecemos.

El Día Mundial de la Adopción comenzó a celebrarse en 2014, impulsado por Hank Fortener, quien también creó #AdoptTogether, una plataforma de crowdfunding para facilitar procesos de adopción. Su objetivo es reunir apoyo para reducir el número de niños huérfanos en el mundo y dar a cada uno la oportunidad de crecer en una familia.

Pero más allá del altruismo que muchas veces se asocia a la adopción, quiero dejar claro que no la considero un acto noble, sino una forma de unión entre personas que se buscan y se necesitan. Tanto quien adopta como quien es adoptado tienen la misma fortuna. Adoptar no es un acto de generosidad: es otra manera de nacer en una familia.

Este día es necesario porque la adopción ha estado envuelta durante mucho tiempo en ignorancia, mitos, tabúes, vergüenza y mentiras. ¿Cómo puede prosperar un vínculo sembrado sobre esa tierra? Necesitamos normalizar la adopción dentro de la diversidad familiar, derribar falsos mitos y entender que la sociedad necesita más niños y niñas engendrados en el corazón.

familias adoptivas
Una orgullosa mamá adoptiva.

Te puede interesar

Si te ha interesado el tema hay mucho en Vaquera del espacio. Te invito a navegar.