Educar en la verdad para ser libres
“Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos.” —Frederick Douglass
No es necesario mentir a un niño. Todo lo contrario: la verdad es la mejor herramienta que puedes legar a tu hijo o hija.
Si esperamos que nuestros hijos sean auténticos, genuinos y sinceros, solo la verdad conduce a esos valores humanos tan necesarios.
Mentiras piadosas: la falsa protección
Muchos adultos justifican las “mentiras piadosas” como forma de proteger. Pero la mentira, aunque se vista de cuidado, sigue siendo mentira.
Creemos que evitar la verdad es evitar dolor, sin darnos cuenta de que la vida se encarga por sí sola de ser cruel.
Si queremos niños fuertes y no adultos rotos, debemos renunciar a antiguas fórmulas educativas basadas en la mentira. ¿Cómo? Normalizando. Haciendo de la verdad un pilar, para que puedan aprender a gestionar sus emociones y comprender el mundo sin velos.
Hablar de lo que incomoda
La diversidad familiar es un ejemplo. Es importante hablarla con naturalidad:
“Sí hijo, hay familias de dos mamás o de dos papás. El amor es amor.”
El sexo es otro tema que seguimos escondiendo bajo la alfombra. Y mientras tanto, los niños hablan entre ellos, mal informados, a carcajadas, sin referentes adultos. Cuando mi hijo me preguntó qué era “abuso sexual” tras oírlo en las noticias, no pude evadirlo. Hablamos del sexo como acto reproductivo, pero también como placer compartido y consentido. Le expliqué que el abuso sexual rompe justamente con eso: no hay consentimiento, no hay cuidado, no hay juego.
Nos escondemos para hacer el amor y, sin embargo, la violencia la encuentras a plena luz del día. Lo decía John Lennon, y sigue siendo cierto.
La muerte, la religión y otras preguntas difíciles
La muerte también llegó en forma de pregunta. Y le respondí: es un ciclo más de la vida, como nacer. “Tu abuela vive en tu corazón, mientras la recuerdes no morirá.”
Sobre religión, le expliqué que existen muchas, y que han sido responsables de algunos de los mayores genocidios de la historia. En casa no profesamos ninguna. Preferimos el amor hacia todos los seres vivos como religión propia.
Difícil explicar contradicciones: cuidar a los animales mientras otros los cazan, condenar la violencia mientras se aplaude la tauromaquia. Difícil, incluso para mí, que sigo sin entender la hipocresía de gobiernos y religiones. Pero mi hijo merece la verdad, aunque sea dura.
Educar sin miedo
Los niños preguntan por qué confían en que les responderás. Si los engañas, dejarán de confiar. Aprenderán a mentir como respuesta fácil.
Educar sin mentiras significa también educar sin miedo, sin castigos como regla. Dialogando. Dando ejemplo. Empatizando. Reforzando capacidades y no marcando solo los errores.
Educar desde las emociones. Para que el día de mañana no necesiten reparar lo que nunca debió romperse.
Madre con suerte
He tenido suerte. Mi hijo nunca me hizo pasar noches sin dormir. Nunca pataletas infinitas. Nunca violencia. Su única “falta” en el colegio ha sido ser un líder nato, y mi misión es ayudarlo a no ser seguidor ni masa.
Es noble, generoso, curioso, sensible. No sé si es genética o educación. Probablemente ambas. Pero cada día me convenzo más de que los niños nacen con un carácter propio y nuestra tarea es acompañarles, no moldearles a la fuerza.
Antes de tenerlo pensaba en mil herramientas pedagógicas, en planes, en estímulos. Hoy entiendo que ser madre no es ser tecnócrata de la crianza, sino guía amorosa.
Yo confío en mi hijo, hablo con él, lo acompaño. No quiero un genio ni un superdotado. Solo un niño sano, feliz y noble. Y lo tengo.
Educar en la verdad no es sencillo. A veces duele, a veces nos desarma. Pero es la única vía para criar niños fuertes, libres de miedos y capaces de no repetir el ciclo de los adultos rotos.
Porque la mentira encadena, pero la verdad libera.
También te puede interesar la categoría educación
Relacionado: Escuchando a los niños, educar desde las emociones