La actitud mi tabla de salvación:crecimiento personal a través del dolor
Palabra clave secundaria: resiliencia emocional, crecimiento personal, duelo, autocuidado
En medio del caos, me sostuve con lo que pude: el amor de mi hijo, de mi familia, de mis amigos.
Ese amor fue mi adrenalina, mi motor.
Pero, sobre todo, lo fue mi actitud.
Decidí no quedarme atrapada en la queja.
Decidí salir del agujero y entender que los problemas también forman parte de la vida.
Las palabras de mi madre resonaban en mi mente:
“¡Vamos, Flor! ¡Tú puedes! ¡Arriba, siempre arriba!”
Y por ella, en homenaje a ella, seguí adelante, día tras día.
Sus consejos, sus charlas, su fuerza… eran mi alimento.
De ahí saqué las respuestas cuando todo lo demás se caía.
Las personas que te rodean
Agradezco profundamente a quienes bajaron al infierno conmigo.
A los que vieron mi luz incluso cuando yo no la veía.
A los que comprendieron mi duelo y no huyeron.
Quienes te cobijan en tu peor momento merecen tu mayor gratitud.
Por eso, hoy soy muy selectiva.
No pierdo el tiempo con personas que no me suman.
Rodearte de la gente equivocada, en plena tormenta emocional, puede ser letal.
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Seis años después
Hoy es 13 de diciembre de 2017.
Han pasado seis años desde que mi madre se fue.
Y aunque nada ni nadie puede llenar su vacío, puedo decir que la curación emocional ha llegado.
Llegó a través del amor en todas sus formas:
el amor de los otros, sí, pero sobre todo el amor propio.
Aprendí a transformar la experiencia. A sacar belleza del barro.
A valorar en profundidad las pequeñas cosas.
A recuperar la esperanza, la fuerza y, sin darme cuenta… la sonrisa.
En homenaje a mi madre, intento cada día parecerme un poco más a ella: como mujer, como madre, como persona.
Porque nadie muere mientras se le recuerda.
Si estás pasando por un tormento
Pide ayuda.
Y recuerda:
“Lo que no te mata, te hace más fuerte.”
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Ojalá encuentres allí un reflejo, un consuelo o una chispa para seguir caminando.