Tener una herramienta no te convierte en profesional
Cuando empecé a ser bloguera, hace ya muchos años, algunos periodistas se enfadaban conmigo.
No todos, por supuesto. Pero sí recuerdo cierta sensación de que quienes escribíamos en blogs estábamos entrando en un terreno que no nos correspondía. Como si publicar, contar una historia o conseguir lectores fuera una especie de intrusismo profesional.
Nunca terminé de entenderlo.
Porque yo podía tener un blog, escribir todos los días y llegar a miles de personas, pero eso no me convertía en periodista.
De la misma manera que tener una calculadora no me convierte en matemática.
Una herramienta no es un oficio
Hoy tengo la oportunidad de trabajar y colaborar con periodistas y, curiosamente, aquella sensación se ha transformado en todavía más respeto por su profesión.
Da gusto observar el oficio de cerca.
Preparar una entrevista. Saber preguntar. Escuchar una respuesta y detectar que ahí hay otra pregunta que no estaba prevista. Contrastar información. Entender qué es relevante y qué es ruido. Encontrar una historia donde aparentemente solo había unos cuantos datos.
Eso no viene incluido con una cuenta de WordPress.
Es oficio.
Yo escribo, comunico, investigo temas, tengo mis propios medios y llevo muchos años creando contenido.
Pero no soy periodista.
Y no necesito serlo para valorar lo que hago.
Y entonces llegó la inteligencia artificial
Ahora estamos viviendo una discusión sorprendentemente parecida con la IA.
De repente tenemos herramientas capaces de redactar, traducir, resumir, calcular, analizar enormes cantidades de información, generar imágenes o ayudarnos a investigar en minutos cosas que antes podían llevarnos horas.
Y vuelve a aparecer el miedo.
¿La inteligencia artificial sustituirá a los periodistas?
¿A los escritores?
¿A los fotógrafos?
¿A los diseñadores?
¿A los redactores?
Quizá estamos planteando mal la pregunta.
Porque tener acceso a una herramienta nunca significó dominar una profesión.
Tener una calculadora no te convierte en matemático.
Tener un teléfono inteligente con una cámara extraordinaria no te convierte en fotógrafo.
Tener un blog no te convierte en periodista.
Y tener inteligencia artificial no te convierte en experto.
La diferencia está en el criterio
Las herramientas amplían nuestras capacidades.
Eso es indiscutible.
Una persona que sabe utilizar bien la inteligencia artificial probablemente pueda investigar más rápido, organizar mejor determinada información, automatizar tareas repetitivas o dedicar menos tiempo a procesos que antes eran mecánicos.
Pero hay algo mucho más difícil de automatizar: saber qué preguntar, qué descartar, qué comprobar, qué merece atención y qué hacer después con la respuesta.
Eso es criterio.
Y el criterio no aparece porque hayas contratado una herramienta.
Se construye con conocimiento, experiencia, errores, curiosidad, formación y años de trabajo.
La tecnología siempre ha hecho esto
La calculadora no acabó con las matemáticas.
Las cámaras de los teléfonos no acabaron con la fotografía profesional.
Los blogs no acabaron con el periodismo.
Internet no acabó con los escritores.
Cambió la manera de trabajar.
Y seguramente la inteligencia artificial hará exactamente eso a una escala mucho mayor.
Algunas tareas desaparecerán. Otras se transformarán. Aparecerán profesiones que todavía ni siquiera sabemos nombrar.
Por eso quizá el futuro no pertenezca a quienes se resistan a las herramientas ni tampoco a quienes crean que la herramienta puede hacerlo todo.
Pertenecerá a quienes sepan utilizarlas sin confundir capacidad tecnológica con conocimiento.
Porque cuanto más potentes sean las herramientas, más importante será saber qué hacer con ellas.
Las herramientas cambian.
El oficio permanece.
Tecnología y sociedad
La tecnología no avanza separada de nosotros: cambia nuestra forma de trabajar, comunicarnos, aprender y relacionarnos. En esta sección reflexiono sobre inteligencia artificial, vida digital y transformación tecnológica desde una mirada humana y crítica. Porque entender las herramientas que utilizamos también es una forma de decidir qué lugar queremos que ocupen en nuestras vidas.
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