Hoy es el Día de los santos inocentes en España,  la tradición es visitar los cementerios, rinden  homenaje a los muertos de forma una forma festiva, visibilizan la muerte y no la esconden debajo de la alfombra. Hay músicos, suelta de globos y muchas flores. No soy persona de tradiciones populares, las respeto pero no las sigo, eso sí!, creo las mías con mi hijo.

Estuve todo el día triste recordando a mi madre, cuando la tristeza me invade no puedo escribir, pero hubo un disparador y ha sido revivir la sección que es homenaje a mi madre,   que solo la recuerda en la enfermedad y la muerte, cuando era la persona más vivaz que he conocido. Inteligente, muy risueña, comprometida con los demás, luchadora inagotable..Una de sus formas de dar amor era a través de la cocina.  Me críe en una casa, un hogar, un nido…donde el olor a comida era parte del atrezzo. Mi mamá trabajaba,  pero siempre sacaba tiempo para cocinar casero y presentarte unos platos de alta cocina, con 4 cosas hacia magia y era una anfitriona de lujo. Ella era la que hacia las tartas de cumpleaños temáticas cuando eramos pequeños, la que te esperaba con un plato caliente cuando volvías de estudiar, hasta te despertabas con el desayuno en la mesa, aunque ella ya estuviera en su puesto de trabajo hacia rato ya.

Subir al cielo con el paladar

La mejor cocina es la de nuestra madre probablemente porque son los sabores de la infancia, porque el amor es el ingrediente preponderante en cada receta hecha por las manos de mamá. Hoy  homenajeo a la mía dejando una impronta digital, voy a postear una receta de una tarta sencilla como su alma.

Tarta de Ángel

La tarta se llama en Argentina Torta de Ángel, receta de un libro “Cocinando con  La señora Siemienczuk”, que junto a mi madre recorrió 3 continentes (América del Sur-Argentina, Oceanía-Australia y Europa-España). Mi madre por la forma en la que se enfría la tarta, como si volara…la llamaba “la torta voladora”. 

Ingredientes

  • 9 claras de huevo
  • 200 gr de azúcar
  • Media cucharada pequeña de sal
  • 150 gr de harina común
  • 2 cucharadas pequeñas de cremor tártaro
  • media cucharada pequeña de esencia de almendras
  • media cucharada pequeña de esencia de vainilla
  • Medio limón
  • azúcar glas

Preparación

Colocar en la batidora las claras y la sal, batir unos minutos hasta que se pongan esponjosas, agregar entonces el cremor tártaro y las esencias, continuar batiendo hasta que las claras lleguen a punto de nieve firme, reducir la velocidad al mínimo e incorporar en forma de lluvia el azúcar, dejar de batir y añadir la harina tamizada dos o tres veces en forma suave y envolvente. Verter la preparación en un molde apenas en-mantecado, llevar a horno suave alrededor de media hora, luego aumentar la temperatura a moderado, continuar la cocción media hora más. Retirar del horno e invertir el molde sobre una rejilla y dejar hasta que la tarta se desprenda por si sola. Una vez fría, espolvorear con azúcar glas. Mi madre la enfriaba invirtiendo la tarta colocando 4 vasos y el borde del molde invertido se posaban en los vasos.

Espero les haya gustado el post en el que desempolvo las recetas de mi madre, iré subiendo recetas de ella, cocina con influencia Argentina e Italiana.