Estoy convencida de que escuchando a los niños aprendes a ser adulto. El razonamiento de un niño, libre de «diplomacia», puede llegar a hacerte tambalear cualquier argumento por más convencida que estés,  o arraigado lo tengas. Tal vez por ese motivo la sociedad no escucha a los niños, no se los toman enserio, porque si los escucháramos descubriríamos lo mal que lo estamos haciendo. Los niños y los ancianos,  los más valioso de una sociedad que se precie. Los niños por su inocencia y los ancianos por su experiencia, a ambos no se los escuchan, no se los toman enserio.

Escuchando a los niños: educar desde las emociones

Para que un niño exprese, tiene que sentir confianza,  para que a través de la libertad pueda  expresar lo que siente. Muchas veces somos los adultos que debemos interpretar sus mensajes, decodificarlos. En las conversaciones con esos pequeños sabios descubres (valga la redundancia), sus descubrimientos, refrescas información almacenada en tus recuerdos, te tienes que adelantar a sus necesidades, estar siempre despierto. Es un gran ejercicio mental, que te pone siempre a prueba, que muchas veces deja en descubierto tus  debilidades y desaciertos. Otras veces te juzgan o ponen en manifiesto tus defectos. No es fácil mantener una conversación con esos pequeños enanos sabios, que  pasan de hablar de cromos y banalidades a conversaciones existenciales en un abrir y cerrar de ojos. Muchas veces te pillan de sorpresa o directamente te sorprenden.  Conversaciones que te hacen reír, querer llenarlos de besos,  y en muchas ocasiones reflejan tu semilla puesta en ellos, tus memes.

Este verano pasamos unos días en Cullera, de noche caminando por la playa en calma, bajo las estrellas. En momentos relajados, desayunando,  buscando huevos de raya, conchas y piedras. Surgen conversaciones simples y complejas.

  • Vaquerito: Mamá la abuela le rezaba a la virgen?
  • Mamá: Sí, no era devota, pero si creyente
  • Vaquerito afirma rotundamente: Te das cuenta mamá que Dios no existe!!!. Tanto le rezó la abuela y al final se murió.

Fuerte!, pero natural. La muerte como muchos otros temas son cosas de adultos y por lo tanto tabú para los niños, cuando normalizarlos es sano. Es lo que te ha tocado vivir, la realidad que te toca asumir desde pequeño, gestionar. Ya hemos fracasado con la sociedad tal cual hemos sido educados, es hora de cambiar, de dejar de tratar a los niños como a tontos y aprender  a escucharlos para poder guiarlos,  y hacerlos más fuertes emocionalmente. Parece una crueldad decir la verdad, pero un niño está en búsqueda de la verdad, cosa que muchos adultos decidieron abandonar,  dejando morir a su niño interior, ausentes, frustrados, porque vivieron una vida llena de mentiras,  que han ido descubriendo con el paso del tiempo y nunca superado.

La muerte y la religión, dos temas traídos a colación, el cielo estrellado el disparador. Desde muy pequeño y sin que nadie se lo fomente, él te dice que su abuela es la estrella más brillante del firmamento.

Una de cal y una de arena

Hoy mi vaquerito me dice hablando de ir a algún día a Disney:

-Kike: Mamá,  nada de eso existe, los niños decimos que nos lo creemos, para que los padres nos lleven a Disney.

-Mamá: Te equivocas hijo, cuando uno entra a Disney, tiene que dejar la realidad fuera y aunque tenga 80 años vivir la fantasía. En la vida siempre hay que entender la realidad, asumirla. Pero también dejar lugar para la fantasía.

Muchas personas piensan que hablo demasiado con mi hijo, pero mi musa es la pedagogía de la responsabilidad de Montessori y la educación emocional.

Siembra en los niños ideas buenas aunque no las entiendan, los años se encargarán de descifrar en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón

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