El disparador del cuento de Navidad
Este cuento de Navidad nació de una de esas situaciones cotidianas que acaban convirtiéndose en algo especial.
En la escuela de mi hijo organizaron una “Semana Cultural” previa a las fiestas, y las tutoras de 3º y 4º de Primaria propusieron actividades que incluían, por supuesto, la participación de las familias: el corazón de cualquier Navidad.
Las propuestas fueron variadas y se adaptaron a la disponibilidad de cada hogar.
Quienes podían acercarse al centro tenían la opción de leer un cuento en clase. Para las familias que por motivos laborales no podían asistir, la escuela ofreció otra alternativa fantástica: grabar una receta navideña en casa y luego compartir el vídeo en la pizarra digital, junto con una degustación del plato en clase.
También realizaron una encuesta sobre diversidad cultural: cada niño explicaba cómo se celebran las fiestas en el país de origen de su familia. A los peques les fascinó descubrir que en Latinoamérica es verano y que Papá Noel en bermudas es algo totalmente posible… y divertidísimo.
Mi participación fue como cuentacuentos. Inicialmente había elegido un clásico: el cuento de Navidad de Charles Dickens. Me lo preparé a conciencia. Pero una hora antes de salir hacia la escuela, mi hijo me miró y me dijo:
—¿Pero no vas a contar un cuento tuyo, mamá?
Y ahí empezó todo.
En apenas sesenta minutos escribí la historia que dejo a continuación.
Fuimos varias madres las que hicimos de cuentacuentos ese día, todas con muchísimo talento. En especial la mamá de Lucía, que contó un relato precioso heredado de su propio padre, narrado con una ternura y una maestría increíbles.
Me quedo con la carita de admiración de mi hijo, esa mirada que te dice sin palabras: “Qué suerte tengo de que seas mi mamá”.
Y también con el enorme trabajo del colegio, del profesorado y de las familias implicadas.
Bravo por esas mamás cañeras que lo dieron todo.
Cuento de Navidad — Flor Moragas
(cuento infantil de Navidad sobre altruismo y valores)
Este cuento corto aborda un valor esencial para la sociedad: el altruismo.
El cuento
Manel era un niño muy curioso. Con solo nueve años, su mente estaba llena de preguntas.
Unos días antes de Navidad, estaba especialmente triste. Su mamá, preocupada, le preguntó qué le ocurría. Al intentarlo explicar, Manel rompió a llorar.
Ella lo abrazó, le secó las lágrimas y lo acompañó hasta que pudo hablar.
—Estoy triste, mamá —dijo finalmente—, porque hay muchos niños y niñas que en Navidad no reciben regalos. No porque se porten mal, sino porque Papá Noel no puede con tantas peticiones… Y me parece injusto. Y más injusto aún que nadie haga nada.
A su madre se le encogió el corazón. Entonces le propuso una idea:
—¿Y si hacemos una cadena de favores?
—¿Qué es eso, mamá?
—Ser altruista: pensar en los demás y alegrarte cuando ellos son felices, igual que te alegras por ti mismo.
En ese momento, su mamá decidió contarle la verdadera historia de Papá Noel.
La historia de Nicolás de Bari
Nicolás nació en el siglo IV, en la antigua ciudad de Patara, en la actual Turquía. Creció en una familia acomodada, pero desde pequeño destacó por su bondad con quienes menos tenían.
Tras perder a sus padres por una epidemia, heredó una gran fortuna. A los 19 años tomó una decisión que marcaría su legado: donó toda su riqueza a los más necesitados.
Con el tiempo, su nombre, San Nikolaus, derivó en el conocido Santa Claus.
Cuando terminó el relato, Manel preguntó:
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
—Mucho —respondió su madre—. Tu corazón es tan generoso como el de San Nicolás, y esa bondad no se puede ignorar. Te propongo algo:
¿Y si este año regalas uno de tus regalos de Papá Noel a un niño o niña que no tenga nada bajo el árbol?
A Manel le pareció una idea maravillosa. Se la contó a sus compañeros de clase, de hockey, de fútbol, a sus amigos del barrio…
A todos les encantó y se sumaron. Gracias a las redes, la propuesta se volvió viral: Manel llegó a ser trending topic en Twitter y hasta salió en televisión.
El impacto
A partir de esa Navidad, muchas familias comenzaron a compartir parte de sus regalos con quienes no tenían nada.
Los adultos también se contagiaron del espíritu altruista: comida compartida, tiempo compartido, manos extendidas.
Gracias a ese llanto inicial de Manel —y a su enorme corazón—, muchas Navidades dejaron de ser tristes.
Y los adultos comprendieron algo poderoso:
la felicidad se multiplica cuando se comparte.
Colorín colorado, este cuento de Navidad se ha acabado.
Valores para trabajar
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Altruismo
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Generosidad