Un día 25 de diciembre del 2001, aterrice en Valencia, sin contactos, conocidos, ni grandes referencias.

Impulsada por un sueño. Dejaba atrás familia, amigos, casa y trabajo estable de funcionaria.

Recuerdo subir a un taxi en el aeropuerto de Manises y dirigirme al centro, pasar por delante de la ciudad de las artes y las ciencias,  el Palau de Las Arts Reina Sofía era aún un esqueleto en obras. Recuerdo mirar por la ventana mitad expectante, mitad asustada….una ciudad desconocida.

Primer lugar de residencia un hostal, el terminus, en calle Bailén frente a Renfe. Una estampa bastante deprimente.

Venía del calor y los afectos,  a unas navidades frías, impersonales y solitarias. El miedo fue el primer sentimiento que se instaló en mí. La duda si estaba haciendo lo correcto.

A la mañana siguiente, lo vi todo diferente, llegaba de una navidades en llamas por la crisis en Argentina, a una pujante España. Calle Colón era un hormiguero de personas cargadas de bolsas de regalos. Se vivenciaban tiempos de bonanzas!.

Al cabo de una semana ya estaba trabajando, donde miraba había letreros de «se necesita personal». En pocos meses ya estaba dando mis primeros pasos en formación, llegué en el momento del auge, gracias a los fondos de la Unión Europea para formación de trabajadores. Fui creciendo a nivel laboral y profesional, conociendo gente, haciendo amigos por el camino. Fui aprendiendo sobre la historia y la cultura, para sentirme parte activa de la sociedad. Me fui reconstruyendo en otra urbe, que durante los primeros años transcurría en el centro histórico, como en tiempos de murallas. Para ir abriéndome poco a poco, a una gran ciudad y variopinta Comunidad.

Pasé mis primeras fallas, comí mi primer arroz al horno casero. Siempre me hicieron sentir como en casa. Por ello catalogo a Valencia como mi ciudad  adoptiva.

Valencia, tierra fértil, me dio a mi hijo, nacido a orillas del mediterráneo. También en el mediterráneo descansan las cenizas de mi madre.

Nadie pone en dudas que soy de Valencia,  y en la actualidad en crisis, sigo aquí, mitad atrapada y la otra mitad,  porque en estas tierras,  he vivenciado el sentimiento de pertenencia que nunca sentí en mi propia casa.

A pesar de ser crítica con mi ciudad adoptiva. Valencia es mi ciudad y el sentimiento de pertenencia te hace luchar.

No imagino mi vida lejos de casa, lejos del bienestar, que aún en crisis,   se respira en Valencia.

13 años en Valencia

Pasaron 13 años y mucha agua bajo el puente, he construido afectos irreemplazables, tengo un hijo Valenciano de pura cepa que educar en su tierra natal.

Estas navidades del 2014,  tengo que agradecer sentirme una Valenciana atípica, que respetando mis raíces, formo parte viva de Valencia.

Amunt Valencia!!!!.

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