Comprar o vender una casa también es una decisión emocional
Hay decisiones que parecen económicas, pero en realidad están llenas de vida.
Comprar una casa es una de ellas.
Venderla, también.
Detrás de una escritura, una tasación, una visita o una negociación no hay solamente metros cuadrados, habitaciones, terrazas o números. Hay personas intentando cerrar una etapa, empezar otra, construir un proyecto o tomar una decisión que probablemente condicionará varios años de su vida.
Y quizá por eso, cuando hablamos del sector inmobiliario, hablamos demasiado de propiedades y demasiado poco de personas.
Una casa nunca es solamente una casa
Quien vende una vivienda puede estar despidiéndose del lugar donde crió a sus hijos, de una etapa de pareja, de una ciudad o incluso de una versión anterior de su propia vida.
Quien compra puede estar poniendo sobre la mesa buena parte de sus ahorros y preguntándose, mientras intenta mantener la cabeza fría, si está tomando la decisión correcta.
Porque elegir una vivienda no consiste únicamente en comprobar si tiene dos o tres habitaciones, si la terraza tiene suficientes metros o si el precio encaja en nuestro presupuesto.
También aparecen preguntas mucho menos objetivas:
¿Me veo viviendo aquí?
¿Será una buena decisión?
¿Estoy pagando lo que corresponde?
¿Y si me equivoco?
¿Y si aparece algo mejor?
¿Y si dejo pasar esta oportunidad?
Comprar o vender una propiedad tiene una parte racional evidente. Pero también tiene miedo, ilusión, incertidumbre, expectativas y, muchas veces, una enorme carga emocional.
La importancia de sentirse acompañado
En un mundo cada vez más digitalizado podemos buscar viviendas desde el sofá, recorrerlas virtualmente, comparar precios y consultar decenas de portales inmobiliarios.
Tenemos más información que nunca.
Pero información y acompañamiento no son lo mismo.
Hay momentos en los que necesitamos una persona al otro lado.
Alguien que conozca el mercado, por supuesto, pero que también tenga la capacidad de escuchar.
Porque un buen profesional inmobiliario no debería limitarse a enseñar propiedades o conseguir compradores.
También debería saber hacer preguntas.
Entender qué necesita realmente una persona.
Decir cuando algo no encaja.
Explicar lo que no se comprende.
Contestar ese mensaje que probablemente esconde más nervios que dudas.
Y estar presente durante un proceso en el que es completamente normal cambiar de opinión, tener miedo o necesitar volver a preguntar lo mismo.
La cercanía también es profesionalidad
Durante mucho tiempo hemos asociado la profesionalidad con cierta distancia.
Yo cada vez creo menos en esa idea.
Se puede ser riguroso y cercano.
Se puede negociar bien y tener empatía.
Se puede conocer perfectamente el mercado sin olvidar que delante hay una persona tomando una decisión importante.
De hecho, posiblemente ahí esté la diferencia entre alguien que simplemente intermedia en una operación inmobiliaria y alguien que verdaderamente asesora.
La confianza no aparece porque alguien lleve una tarjeta que diga «agente inmobiliario».
Se construye.
Con honestidad.
Con disponibilidad.
Con conocimiento.
Y también sabiendo decir: «Esto no es para ti».
Porque asesorar no debería significar convencer a alguien para que compre o venda.
Debería significar ayudarle a tomar una buena decisión, incluso cuando esa decisión sea esperar, seguir buscando o decir que no.
Cuando detrás de la propiedad sigue habiendo una persona
Por eso me gusta especialmente la forma de trabajar de Beatriz agente inmobiliaria en Valencia-España .
No solamente por su conocimiento del sector, sino por algo que para mí tiene cada vez más valor: la cercanía con la que trata a las personas durante todo el proceso.
Porque encontrar propiedades es relativamente fácil. Tenemos portales, buscadores, fotografías, vídeos y cientos de anuncios al alcance de un clic.
Encontrar a alguien en quien confiar es otra cosa.
Y cuando estamos hablando de vender una casa o encontrar el lugar donde comenzará una nueva etapa de nuestra vida, tener cerca a una persona que escuche, explique, responda con claridad y entienda lo que hay detrás de esa decisión puede cambiar completamente la experiencia.
Al final, una operación inmobiliaria termina con unas firmas y unas llaves.
Pero para quien compra o vende, casi nunca termina ahí.
Muchas veces esas llaves están cerrando una vida.
Y otras veces están abriendo la siguiente.
Quizá por eso, antes de elegir solamente una propiedad, también deberíamos preguntarnos quién queremos que nos acompañe mientras tomamos una de las decisiones más importantes de nuestra vida.
Artículo patrocinado en colaboración con urbaninfinityhome. El contenido y las reflexiones editoriales responden a la línea habitual de Vaquera del Espacio.
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