Durante gran parte de mi vida estuve ocupada construyendo.
Construyendo una familia.
Construyendo proyectos.
Construyendo ingresos.
Construyendo estabilidad.
Construyendo soluciones para problemas que muchas veces ni siquiera habían aparecido todavía.
No me quejo. Gracias a eso llegué hasta aquí.
Pero hace poco me encontré leyendo algo que me hizo pensar: después de largos periodos de supervivencia, algunas personas experimentan una pérdida de identidad.
Y creo que empiezo a entender por qué.
Cuando pasas años resolviendo, sosteniendo, anticipando y empujando, acabas confundiendo tu identidad con esas tareas.
Te conviertes en la que puede.
La que resuelve.
La que aguanta.
La que tira del carro.
Y un día descubres que muchas de aquellas urgencias ya no están.
Los hijos crecen.
Los proyectos encuentran su camino.
Las cuentas empiezan a cuadrar.
Las decisiones importantes se toman.
¿Qué ocurre después de años en modo supervivencia?
Aparece una pregunta extraña:
¿Quién soy cuando ya no estoy ocupada sobreviviendo?
Durante mucho tiempo pensé que la libertad consistía en poder elegir dónde vivir.
Hoy sospecho que la verdadera libertad tiene más que ver con poder elegir cómo vivir.
La libertad de elegir cómo vivir
Pienso en escribir mirando el mar.
Sin prisas.
Sin algoritmos.
Sin métricas.
Sin necesidad de convertir cada pensamiento en contenido.
Incluso sin publicar.
Pienso en ver atardecer sobre el agua mientras el sol desaparece lentamente en el horizonte.
Quizá tenga relación con algo que escribí hace un tiempo sobre el valor de los lugares donde no pasa nada. A veces necesitamos menos estímulos y más espacio para escucharnos.
Acompañar en lugar de dirigir
Pienso en compartir una copa de vino con mi compañero y hablar de cualquier cosa o de nada.
Pienso en ver a mi hijo hacerse un hombre y limitarme a acompañarlo en el camino.
Durante muchos años mi trabajo fue protegerlo, enseñarle, sostenerlo y tomar decisiones que él todavía no podía tomar.
Ahora empieza una etapa diferente.
Una en la que me toca confiar.
Estar cuando me necesite.
Dar mi opinión cuando me la pida.
Y aceptar que su vida ya no me pertenece a mí, sino a él.
Aprender sin producir, escribir sin publicar
Pienso en aprender cosas nuevas sin necesidad de aplicarlas, monetizarlas o demostrarlas.
Aprender por el simple placer de aprender.
Leer por curiosidad.
Escribir por gusto.
Observar por interés.
Cuando vivir deja de ser producir
Durante años confundí vivir con producir.
Creía que todo tenía que servir para algo.
Que cada experiencia debía dejar una enseñanza.
Que cada aprendizaje debía convertirse en un proyecto.
Que cada idea debía transformarse en trabajo.
Hoy ya no estoy tan segura.
Tal vez una parte importante de la felicidad consista precisamente en lo contrario.
En hacer espacio.
En bajar el ritmo.
En recuperar la curiosidad.
En dejar de justificar constantemente nuestra existencia.
Tiempo para descubrir quién soy
A los 54 años no sueño con ser más.
No sueño con demostrar más.
No sueño con correr más rápido.
Sueño con tener tiempo para mí.
Tiempo para escribir.
Tiempo para pensar.
Tiempo para mirar el mar.
Tiempo para las personas que quiero.
Tiempo para descubrir quién soy cuando ya no hace falta sobrevivir.
Y quizá esa sea la identidad que estaba buscando.
No una nueva.
Sino la que aparece cuando, por fin, te permites simplemente existir.
Cuaderno de época
Este texto forma parte de mi Cuaderno de época, una colección de reflexiones sobre los cambios, las decisiones, el paso del tiempo, la libertad y las preguntas que aparecen cuando una deja de correr para empezar a observar.