Mente inquieta, corazón agradecido:

Durante mucho tiempo pensé que había algo raro en mí.

Cuando conseguía aquello que llevaba meses o años persiguiendo, en lugar de quedarme quieta, volvía a sentir curiosidad por lo que había detrás de la siguiente puerta.

Quizá por eso conecto tanto con la idea que desarrollé en Vida no lineal: moverse no es huir, donde reflexionaba sobre la diferencia entre escapar de algo y avanzar hacia algo nuevo. Leer Vida no lineal: moverse no es huir

No era infelicidad.

No era ingratitud.

Y tampoco era incapacidad para disfrutar del presente.

Simplemente era curiosidad.

Con los años descubrí que existe una idea muy extendida según la cual una persona satisfecha debería dejar de buscar.

Como si el objetivo final de la vida consistiera en llegar a un lugar concreto y quedarse allí para siempre.

Pero no todas las personas estamos hechas de la misma manera.

Algunas encuentran plenitud construyendo una vida estable alrededor de un mismo paisaje.

Durante años pensé que la estabilidad era la meta. Hoy creo que también puede existir estabilidad interior incluso cuando la vida cambia por fuera. ➡️ Leer Decisiones importantes con las piernas temblando.

Otras encuentran sentido explorando nuevos caminos, aprendiendo cosas distintas o viviendo experiencias que todavía no conocen.

Ninguna de las dos formas es mejor que la otra.

Son maneras diferentes de habitar el mundo.

A menudo se confunde una mente inquieta con una mente insatisfecha.

No es lo mismo.

La insatisfacción permanente impide disfrutar de lo que existe.

La curiosidad, en cambio, permite disfrutarlo mientras dura y después seguir caminando.

He amado ciudades que ya no habito.

Algunos lugares dejan huella precisamente porque en ellos aprendimos que la felicidad no siempre necesita grandes acontecimientos. ➡️ Leer El valor de los lugares donde no pasa nada.

He tenido trabajos que me enseñaron muchísimo.

He compartido etapas que recuerdo con cariño.

Y precisamente porque las valoré, sé que formaron parte de mi camino.

No necesito convertirlas en mi destino definitivo para reconocer lo importantes que fueron.

Quizá la madurez consiste en entender que algunas personas no buscan un lugar donde quedarse para siempre.

Buscan una vida que siga despertando preguntas.

Y eso no significa que sean incapaces de ser felices.

Significa que todavía conservan intacta una parte muy valiosa de sí mismas: la capacidad de asombro.

Quizá esa capacidad también tenga relación con la necesidad de detenerse de vez en cuando para observar la vida con otros ojos. ➡️ Simplemente existir

Hoy ya no intento corregir esa parte de mí.

La observo con más ternura.

Porque he comprendido que mi inquietud no nace de la falta.

Nace de la curiosidad.

Y que se puede tener una mente inquieta y, al mismo tiempo, un corazón profundamente agradecido.

Este artículo forma parte de Cuaderno de época, una colección de reflexiones sobre identidad, cambios vitales, pertenencia, tecnología, trabajo, migración y las preguntas que surgen al intentar entender el mundo que nos toca vivir.

Cuaderno abierto con ilustraciones de viaje y reflexión sobre una mente inquieta y agradecida en una etapa de cambio y exploración personal.

No todas las personas buscan quedarse en el mismo lugar. Algunas encuentran sentido en seguir explorando mientras agradecen cada etapa vivida.