No todas las guerras hacen ruido.
Algunas se instalan en el clima emocional
y cambian la forma en la que nos relacionamos.

No vemos bombas.
Y por eso pensamos
que no hay conflicto.

Pero cambia la mirada.

El clima emocional también afecta a cómo nos relacionamos

Mira el ambiente.
El tono.
La forma en la que nos hablamos.

Vivimos en un estado sostenido de ansiedad.
Y cuando el miedo se vuelve paisaje,
las personas no actúan mejor.

Actúan distinto.

Más reactivas.
Más defensivas.
Más cerradas.

El desgaste silencioso del entorno social

El desgaste empieza a notarse
en pequeños gestos.

En la desconfianza.
En la comparación constante.
En la dureza innecesaria.
En la dificultad para habitar al otro con calma.

No hace falta que caigan misiles
para que exista erosión.

A veces
basta con el clima.

Y a veces incluso parece silencio.

Pero no siempre es paz.

A veces es cansancio.
Resignación.
Personas administrando la energía que les queda.

Y muchos lo están notando.

Retirarse del ruido no es debilidad

Por eso algunos
se están retirando.

No del mundo.

Del ruido.

Como el elefante que se aparta
cuando el entorno deja de ser habitable,
cuando percibe antes que otros
que algo no está bien.

No es debilidad.
No es rendirse.

Es discernimiento.

Elegir dónde no entrar

No todo merece tu energía.
No todo merece tu participación.

A veces,
el mayor acto de conciencia
es elegir
dónde no entrar.

No todo el mundo lo va a ver.

Porque no todo el mundo
está mirando ahí.

Pero algunos sí.

Y por eso se apartan.

Para conservar criterio
en medio del ruido.

Lectura relacionada

Este texto continúa una reflexión sobre el miedo sostenido y la ansiedad colectiva como parte del clima emocional contemporáneo.
Puedes leerla aquí: Ansiedad social, miedo colectivo.