‘Envidiosa’ está siendo un éxito en Netflix, y sí: me la vi entera. Pero lo que me dejó pensando no fue lo obvio.
Lo que realmente me chocó —y es casi irónico en 2025— es cómo la serie retrata un grupo de mujeres que repiten dinámicas tóxicas que ya creíamos superadas: competencia absurda, amistades que son trincheras, celos camuflados de “sinceridad” y ese estilo de vida pijo-caprichoso que parece más una caricatura que una realidad. Demodé total.
Dentro de ese universo aparece Lola, quizá el personaje más desconcertante de todos. Su construcción está completamente desdibujada. Se nota que la guionista quiso plantearla como “la mujer libre”, la que vive sus relaciones sin culpa ni explicaciones… pero la ejecución no acompaña. Parece que la libertad femenina es peligrosa, cuando en realidad lo que es peligroso es un personaje mal desarrollado.
La libertad no se grita ni se presume. No es una moda ni una palabra bonita: es una forma de vivir alineada con tu felicidad. Por eso Lola no representa libertad: representa un arquetipo fallido, un borrador de personaje que no termina de cuajar.
Luego están ellos: Fermín y Matías, dos de los mejores personajes de la serie.
Hombres sensibles, atentos, más maduros, más actuales.
Y aun así… enganchados a vínculos que funcionan desde la inseguridad, la impulsividad y un nivel emocional que roza el secundario.
Y aquí es donde todo chirría:
sus problemáticas son de adolescentes.
Y a los 40, las mujeres solemos madurar de otra manera: con otros tiempos, otras prioridades, menos humo y más lucidez emocional.
Por eso descoloca ver personajes masculinos tan bien escritos orbitando alrededor de quilombos emocionales con patas.

Lo digo sin rodeos: Matías debería haberse quedado con Mei.
La relación más equilibrada, más coherente y mejor planteada de toda la serie.
El único soplo de aire fresco llega tarde, pero llega: la psicóloga. El mejor personaje y el único que entrega algo más contemporáneo y lúcido. Por fin un respiro en medio del ruido.

Y entre tanto caos, Buenos Aires sigue siendo Buenos Aires: fotogénica sin pedirlo, llena de colores, elegante, viva. Un personaje aparte.
En resumen
Envidiosa no es la serie del año. Tiene clichés, diálogos reciclados y una visión de la amistad femenina que está pidiendo una jubilación temprana.
Pero también tiene momentos que funcionan, personajes masculinos con una sensibilidad valiosa y un par de giros que la rescatan del desastre total.
Si fuera la guionista, lo tengo claro:
hombres deconstruidos merecen mujeres deconstruidas.
No quilombos envueltos en glitter.
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Y si ya viste Envidiosa, me encantará leer tu opinión.