Hay años que no son tormenta… pero tampoco calma.
Son avionetas: pequeñas, frágiles, ruidosas, que se mueven aunque el cielo esté despejado.
Y, sin embargo, ahí seguimos, con las manos en los mandos, tratando de no perder el rumbo.
Este año fue eso para mí.
No un colapso, no un vuelo perfecto.
Una avioneta temblando a ratos, recordándome que crecer no siempre es volar más alto, sino no soltar el volante cuando todo vibra.
Durante meses sentí esa mezcla rara: ilusión y cansancio, riesgo y convicción.
La sacudida sutil de “¿lo estaré haciendo bien?”, seguida por un impulso interno que decía:
“Flor, sigue. Estás más cerca de lo que parece.”
Y entendí algo importante:
la turbulencia no es señal de peligro. Es señal de transición.
Cuando un proyecto está a punto de aterrizar en un nuevo lugar, cuando una etapa se cierra y otra empieza a tomar forma, cuando una versión tuya está madurando… el aire se mueve.
Se remueve todo.
Se siente incómodo, pero necesario.
Este año aprendí a distinguir el ruido externo de la brújula interna.
A confiar más en mi criterio que en la prisa del algoritmo.
A crear en silencio, aunque por dentro un motorcito vibrara sin parar.
También aprendí a sostenerme mejor:
a elegir mis batallas, mis espacios y mis ritmos;
a hacer menos, pero con más raíz;
a aceptar que no todo lo que tiembla se rompe.
Y ahora que el año cierra, aparece una certeza suave, casi tímida:
no fue un mal año. Fue un año liminal. Un pasadizo entre dos Florencias.
Lo que viene —2026— siento que llegará con otra textura.
No más liviano, sino más claro.
Con menos torbellino y más propósito.
Con la madurez de quien ya pilotó en turbulencia y sabe que puede.
No espero un “nuevo año, nueva vida”.
Espero algo más real:
un vuelo más sereno, una Flor más estable, una dirección más firme.
Porque si este año fue la avioneta,
el próximo es el aterrizaje suave:
un lugar donde por fin apoyar los pies, mirar el paisaje y volver a despegar desde otra versión de mí.
Gracias por acompañarme en este viaje, incluso cuando se movió todo.
Prometo que lo que viene valdrá la pena.
El cielo nunca está del todo quieto. Y aun así, seguimos. Si te apetece explorar esa sensación de avanzar sin garantías, aquí dejo un texto para acompañarte: Vivir sin certezas en la era del control.
¿Te sentiste también en transición? Cuéntame en comentarios qué parte del vuelo te tocó este año.
Frase→ creación Vaquera del espacio→ reel.