La búsqueda: Nunca acaba para las almas inquietas.

Esta mañana, como todas las mañanas revisando mi facebook me encuentro con videos y mensajes alentadores sobre la vida.

Valores humanos, autoayuda, coaching personal o como quieran llamarlo.

Durante años en cada curso de formación que impartía dedicaba 30 minutos,  a lo que denominaba cuento terapia. A la lectura del algún cuento con el fin de debatir sobre valores humanos. También utilizaba videos de you tube para fomentar el diálogo, la lluvia de ideas y la reflexión. Un pequeño aporte que hacia a la formación, para que fuese un poco más significativa para mí a nivel humano.

Mi madre era mi mayor ejemplo de generosidad y altruismo. Mi abuela también. Generaciones de mujeres que hacian del mundo que las rodeaba, un lugar más cálido y justo.

Al morir mi madre, antes de que muriera y durante su agonía. Tuve una enorme crisis existencial, creía que las personas justas, nobles como ella, merecían algún tipo de recompensa humana o «divina», y lejos de la realidad estaba ese concepto erróneo.

Intimé con la frivolidad, intenté nadar entre tiburones, convertirme en una empresaria agresiva y fracasé. No podemos ser lo que en naturaleza no somos!. Lo único que te aportas a ti mismo es confución. Decepción hacia los demás, hacia uno mismo y mucho dolor. Pude moverme de lugar,  volver a ser quien era, rodearme de personas que me enriquecen y llenan de luz. Pero el pasado no se borra, la verguenza queda en tu memoria. Solo quise no ser como mi madre y ha sido lo más patético que he hecho en mi vida, lo más indigno: alejarme de su gran sabiduría por miedo a morir como ella. Por dejar de creer en ella y sus valores recibidos a través del ejemplo, intimé con mis propias miserias.

Sigo preguntándome donde radica la clave de nuestra existencia, donde debemos ubicar esos valores que nos convierten en grandes personas desde nuestro humilde accionar. Solo puedo asegurar que el dinero, la imagen y el poder no hacen felices a  personas como yo, ni siquiera nos acerca un poco al concepto de felicidad o éxito. Pero la riqueza espiritual tampoco,  si no va acompañado de un poco de egoísmo. Vivimos en un mundo de personas oportunistas, donde el fin justifica los medios y la nobleza,  muchas veces se convierte en debilidad frente a determinadas personas.

El bien y el mal habitan dentro de nosotros,  combaten día tras día para ejercer supremacía,  y  lo mejor que podemos hacer para ayudar al bien,  es elegir a quien y con quien ejerceremos nuestra nobleza de espíritu. Esa es nuestra responsabilidad, rodearnos de personas con la misma naturaleza que nosotros y esquivar o alejar la pobreza de espiritu de nuestras vidas.

No hay un único camino para toda la humanidad, pero sí hay un único camino que elegimos para andar y nos conduce o aleja,  ni más ni menos que de  nosotros mismos. De nuestra identidad.

En esa búsqueda que nunca acaba para las almas inquietas, hay momentos de dolor, grandes decisiones y cambios que enfrentar. También momentos de gloria.

Encontrarse durante la búsqueda con uno mismo,  es lo más parecido a la felicidad.